Hideyori se sorprendió con la gran actividad que desplegó Nogura una vez fueron puestos al corriente de los dramáticos sucesos que habían ocurrido en Onota.
Para alivio de aldeanos y samurai, el Kitsu realizó uno tras otro múltiples rituales de purificación sobre los edificios y sus habitantes. Además, se ocupó de tratar los casos de heridas más graves.
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