Kiyomori sostenía con mano firme la carta mientras aparentaba leerla una vez más. En realidad intentaba ordenar sus ideas al respecto mientras el visitante aguardaba con la frente en el suelo.
Reconoció para si mismo que el contenido de la misiva resultaba sorprendente y aunque una parte de él se sentía inclinada a atender aquella extraña petición, por otro lado se resistía a dar el visto bueno.
Sus ojos inteligentes observaron al joven visitante minuciosamente y se sorprendieron de que alguien tan enclenque fuese capaz de demostrar semejante compostura, manteniendo con estoica paciencia aquella posición que se hacía más difícil cada minuto que pasaba. Finalmente decidió poner término a aquella prueba.
—No tengo el honor de conocer al venerable Eiji personalmente, pero estoy seguro de que la escuela Kitsu de Foshi está en buenas manos…
El joven relajó su postura y Kiyomori pudo contemplar un rostro enjuto que no demostró la más mínima emoción al responder a su anfitrión.
—Domo arigato gozaimasu, Kiyomori-sama. Unas palabras como esas valen un tesoro pronunciadas por vos. Se las transmitiré a mi sensei lo antes posible.
Kiyomori sonrió satisfecho, aquel joven de cuerpo débil y aspecto enfermizo parecía no arredrarse fácilmente. El daimyo había captado la fuerza interior que desprendía aquella mirada huidiza que evitaba insultarle mirando directamente a los ojos a un superior. Aquellos detalles habían bastado para que Kiyomori se formase una buena opinión del shugenja.
—Me temo Kitsu-san, que no puedo complacer a Eiji-sama, pues aunque no es mi deseo bajo ningún concepto negarme a las pretensiones de vuestro honorable sensei tampoco lo es el poner en peligro a uno de sus más estimados alumnos…
El shugenja se mantuvo impertérrito una vez más y guardó silencio.
—Pero decidme, Kitsu-san— continuó Kiyomori—, ¿cómo habéis sido capaz de encontrarnos aquí en Michinori?
Nogura escogió cuidadosamente las palabras empleando astutamente los escasos instantes que le proporcionaba el protocolo.
—Akodo Kiyomori-sama, mis ancestros han hablado claramente. Del mismo modo que supe que mi destino está supeditado al de Hideyori, supe que no debía encaminarme por la ruta más lógica hacia Rugashi y de ahí a Oiku. Acallé la voz del sentido común y me dirigí hacia el sur guiado por los ancestros.
El rostro de Kiyomori no reflejó la sorpresa que experimentaba más allá de una imperceptible sonrisa. Aquel shugenja de apariencia frágil no estaba precisamente indefenso. Tomó buena nota de ello y decidió no conceder resquicio alguno ante el visitante.
—Kitsu-san, los ancestros merecen todo mi respeto y somos afortunados al contar entre los nuestros con los dones excepcionales de los Kitsu para comprenderlos, por ello accedería a la petición de Eiji-sama en otras circunstancias. Pero nos encontramos en una situación complicada e Hideyori partirá de inmediato en una misión de cierto riesgo y no deseo de ninguna manera poneros en peligro.
—Honorable señor Kiyomori, en la época de las tormentas los vientos más poderosos azotan sin piedad las tierras trayendo consigo las lluvias y la devastación. Mientras el cedro de aspecto más imponente y robusto sufre los embates violentos del monzón que quiebra sus ramas y lo sacude hasta el desarraigo, el junco de aspecto más débil se mece en la tempestad sin miedo a romperse. ¿Por qué alguien sabio permitiría que el cedro de su jardín soportase la tormenta en solitario pudiendo plantar un junco que lo acompañaría tanto en los tiempos de calma como en los de tempestad? ¿Por qué no permitir que el junco cumpla su destino junto al cedro aunque este fuera morir mañana?
Nogura había hablado levantando la mirada y Kiyomori pudo ver en sus ojos la fuerza de aquellas palabras envueltas en un significado más profundo que una retórica afortunada. Aquella mirada contenía la sabiduría de quien aguarda cientos de años para cumplir su destino y es consciente de la inminencia de su meta.
—Es mi deseo que acompañéis a Hideyori, Kitsu-san. Que los ancestros continúen otorgándoos su favor como hasta ahora.
—Domo arigato gozaimasu, Akodo Kiyomori-sama.