El Blog

Categorías

Sindicación

Alojado en
ZoomBlog

2.- Ayer dos niños, hoy dos hombres...

Por BlackSheep - 27 de Diciembre, 2006, 22:14, Categoría: 1.- Relatos

Mes de la Liebre - Primavera de 1156 

El Dojo del Golpe Certero era un lugar muy humilde, un pequeño y modesto centro de enseñanza de las técnicas kenjutsu de los Akodo en la provincia de Renga.

Durante la mayor parte de la vida de Akodo Jun este había sido su hogar, primero como alumno del honorable Akodo Ryuji, después como maestro del Golpe Certero. A los veintidós años, fue reconocido como el bushi con mejor técnica de todo el clan. Incluso los Grulla le demostraron su respeto llamándole Espada Precisa.

Lo normal hubiera sido que Akodo Jun se hubiese hecho cargo del Dojo de la Espada Veloz, pero entonces su maestro le comunicó la intención de retirarse y le ofreció convertirse en sensei del Golpe Certero. Y naturalmente, Jun aceptó.

Los primeros años recibía cientos de peticiones de padres que deseaban que sus hijos fuesen entrenados por Espada Precisa, pero sensei Jun aceptaba solo en contadas ocasiones. Las solicitudes disminuyeron drásticamente, pues si bien se consideraba un gran honor tener un hijo estudiando en el dojo, lo más habitual era que la petición resultara rechazada, un hecho muy incomodo de reconocer en público.

Por todo ello, la importancia del Golpe Certero fue languideciendo, y aunque nunca faltaban las solicitudes de admisión, el número de alumnos había sido siempre muy reducido.  

Hoy era un día muy importante en el dojo, pues hacía años que no se celebraba ninguna ceremonia de gempukku. Desde primeras horas de la mañana, los aspirantes habían tenido que demostrar su conocimiento y talento en muy diversas disciplinas; historia, caligrafía, conocimiento del Tao, resistencia física, tiro con arco… Y ahora, ambos aguardaban en silencio a ser llamados para la última prueba.

Kumachi era más alto y fuerte que Uro, y un año mayor además. Vestían armadura por primera vez pero ambos disimulaban su incomodidad. Durante años habían vivido juntos en la escuela y se habían convertido en grandes amigos. Los dos estaban ansiosos por superar la última prueba y convertirse en adultos, aunque ello significaba que posiblemente no volvieran a verse.

Un sirviente les comunicó que Akodo Jun requería su presencia y ambos se encaminaron hacia el edificio principal donde les esperaba su maestro. Los jóvenes se arrodillaron frente a él manteniendo su frente en contacto con el suelo en señal de sumo respeto. Únicamente había otras tres personas en la sala, Akodo Furoji, alumno predilecto de Jun, que se sentaba a la derecha de su venerable maestro y otros dos samurai, los padres de Kumachi y Uro.

Akodo Jun contempló a los dos jóvenes con orgullo, quería a ambos como si fuesen sus propios hijos, pero su rostro severo no demostró emoción alguna. Los observaba ahora y era consciente del cambio que habían experimentado en aquellos años. Kumachi tenía quince años, era alto y de gran fortaleza física. Su aspecto era imponente con aquella lujosa y trabajada armadura y el elegante kimono, regalos de su padre, Akodo Samaru.

Recordaba el día en que Samaru se había reunido con él seis años atrás, para pedirle que aceptase a su hijo en el Golpe Certero. Por supuesto, Jun se había negado pues no consideraba a Samaru lo suficientemente digno de ello. Samaru abandonó la estancia hecho una furia sin importarle la falta de respeto hacia su anfitrión. Pero cuando sensei Jun salió al exterior y vio al hijo de Samaru enseguida se dio cuenta de su equivocación. Aquel niño tenía un gran potencial y llegaría a ser un buen samurai si alguien lo salvaba de la nefasta  influencia de su padre. Así es que rectificó su decisión y aceptó al muchacho bajo su tutela.

Pocas semanas después, Jun se entrevistó con Hayato, un humilde samurai de bajo rango que servía como guardia en Oiku. Sus ropas eran modestas pero la sobriedad de sus modales y la limpieza de su mirada impresionaron al maestro. Jun le comunicó que aceptaría enseñar a su hijo las técnicas de la escuela Akodo de bushi.

—Como última prueba— los dos jóvenes alzaron la cabeza al oír la voz de su maestro— os enfrentaréis en un duelo de kenjutsu donde demostraréis el dominio de las técnicas Akodo. El ganador será aquel que consiga primero dos golpes sobre su adversario. 

Los dos amigos se armaron con un boken y tomaron posiciones frente a frente en el tatami. Ambos saludaron al maestro y luego se hicieron una reverencia el uno al otro, demostrando así el respeto hacia el sensei y el reconocimiento hacia su rival. Después se pusieron en guardia estudiándose mutuamente.

Hayato contemplaba los instantes previos a la lucha con un rostro de piedra que no dejaba traslucir el orgullo que sentía al ver como su hijo evaluaba al adversario. Samaru por su parte, apretaba los puños cometiendo una leve infracción de la etiqueta sin ser consciente de ello.

Kumachi lanzó un grito y se abalanzó hacia Uro dispuesto a descargar un golpe, pero se encontró con que su rival detenía el boken a escasos milímetros de su cuello. Los dos volvieron a sus posiciones iniciales.

Samaru no pudo reprimir un gruñido de frustración, aquello molestó al sensei que fingió no haberse percatado. Por su parte, Hayato se mantenía inexpresivo contemplando el combate.

Jun conocía bien las diferencias que existían entre sus dos alumnos. Kumachi era más fuerte, más rápido y más impulsivo que Uro. Por otro lado, el pequeño de sus alumnos era más frío y calculador, y poseía una fuerza interior extraordinaria. Uro sabía que si aguardaba el tiempo suficiente, Kumachi lanzaría un ataque feroz brindándole una oportunidad clara de impacto. Y así había sido. Pero no caería una segunda vez en el mismo error.

Kumachi lanzó un ataque fulgurante sorprendiendo a Uro, que consiguió desviar con su espada el boken de su oponente. Kumachi descargó un segundo ataque con una fuerza brutal. Su amigo lo detuvo con el arma pero el impacto fue tan violento que lo desequilibró ligeramente. Kumachi lanzó un nuevo ataque pero fue incapaz de controlarlo y golpeó la rodilla de Uro.

Jun sabía que aquel golpe había sido muy doloroso y que impediría a Uro  apoyar perfectamente la pierna. Si en lugar de una práctica aquello fuese un combate real, Kumachi habría seccionado la pierna de su oponente.

—Lo siento, Uro ¿estás bien? 

—No es nada— mintió el joven—. Puedo continuar…

Los dos combatientes volvieron a las posiciones iniciales. Uro disimuló el intenso dolor y se puso en guardia dispuesto para el asalto definitivo que ahora tendría imposible ganar.

Kumachi hizo una reverencia a su amigo y después se giró hacia el maestro.

Sensei Jun— dijo inclinándose respetuosamente—. La técnica de Uro es superior a la mía y él es el vencedor.

Akodo Jun asintió ligeramente con la cabeza. Había enseñado a aquellos dos muchachos durante seis años, los había iniciado en el camino de las técnicas Akodo y lo que era más importante, había contemplado como el bushido y el sentido del honor habían arraigado con fuerza en los dos alumnos.

Tras el combate, tuvo lugar la parte final de la ceremonia. El maestro les hizo entrega a ambos del wakizashi, símbolo de su nuevo estatus.

—Kumachi— nombró con voz solemne Akodo Jun—, a partir de este momento serás conocido como Akodo Tashiro, hijo de Akodo Samaru, hijo de Akodo Toju. 

—Uro— prosiguió el sensei tras girarse hacia el más joven—, desde ahora tu nombre será Akodo Hideyori, hijo de Akodo Hayato, hijo de Akodo Nodotai.

Todos los presentes en la sala dedicaron una respetuosa inclinación a los dos nuevos samurai. A partir de aquel instante, se convertían en adultos y, aunque ellos no eran conscientes todavía, habían dejado atrás los juegos de la infancia y se disponían a entrar en un mundo para el que ya se les suponía preparados. 

Más tarde, Hayato e Hideyori terminaban de compartir una frugal cena en privado. Un sirviente les acercó sake templado y padre e hijo bebieron en honor a sus antepasados.

—Hijo mío, ahora eres un samurai y por lo tanto te entrego la espada de tu abuelo. Debes cumplir tu deber siempre, servir con honor, nunca mancilles nuestro nombre familiar y se siempre merecedor de portar el daisho de Akodo Nodotai.

—Padre, esta katana no vacilará en dejar la saya cada vez que sea menester— replicó Hideyori tomando entre sus manos la espada—. La mano de vuestro padre guiará siempre mi filo. 

Hayato asintió satisfecho por la respuesta de su hijo. Le entregó además una bolsa con los pocos ryo que había conservado después de pagar la modesta armadura de Hideyori.

—Además de estas posesiones, heredas también la obligación familiar que tenemos para con Hakamono. Visitarás el templo al menos una vez cada estación y velarás por el bienestar de los monjes, interesándote por sus necesidades y ofreciéndoles toda la ayuda que sea posible.

Hai, padre. 

Al día siguiente, Hayato abandonó el Dojo del Golpe Certero para cumplir con su deber como guardia de la muralla en Oiku. Hideyori y Tashiro aún debían quedarse algún tiempo más antes de abandonar la escuela, pues Akodo Jun deseaba que se ejercitasen con las armas reales, acostumbrándose al peso y el tacto de las mismas.

Dos semanas después de la partida de Hayato y Samaru, los dos samurai fueron convocados ante su sensei. Se inclinaron en señal de respeto y solo alzaron la cabeza cuando Akodo Jun comenzó a hablar. Los jóvenes se llevaron una gran sorpresa al descubrir a Furoji ocupando el lugar del maestro Jun, quien se encontraba a su derecha con la cabeza afeitada.

—Veinte años al frente de El Golpe Certero— aseveró el anciano Jun—.  ¡Toda una vida!  

He retrasado el momento de mi retiro hasta veros convertidos en samurai. Y ha merecido la pena, los Ancestros han escuchado mis plegarias y vosotros, mis dos últimos alumnos, sois excepcionales.

Regresaréis a vuestro hogar y os pondréis cada uno al servicio de su señor. Practicaréis cada día para perfeccionar vuestra técnica y acudiréis al dojo donde sensei Furoji completará vuestro adiestramiento con nuevas lecciones avanzadas.  

Yo viviré mis últimos días en paz, y moriré en el lugar que me vio nacer.  

Ayer dos niños, hoy dos hombres... ¡Idos samurai!, tenéis un deber que cumplir.

Permalink :: 3 Comentarios :: Comentar | Referencias (0)